Mi ser tembló. Mi propio corazón tenía miedo de si mismo.
Nunca me sentí tan llena, tan vacía del mundo. Tan llena de un sueño. El corazón funcionaba demasiado rápido, tanto que a penas tuve tiempo para interpretar sus latidos.
No encontré palabras por más que las busqué, y cuando titubeando encontré algo que decir, resultaron a tus oídos simples locuras. Locuras que se susurran al oído cuando sale la Luna, locuras que hoy, me parecen sueños por cumplir.
Pero en aquel instante, nada cuerdo podría salir de aquel corazón loco que no atendió las barreras que la vida planteaba. Nada cuerdo mientras estuviese loca por tí.
La inseguridad rodeaba todos los rincones que me componen, mientras las manos rozaban tiritando otra piel, se abría un nuevo cielo a mis ojos, a penas centímetros separaban dos vidas tan distintas, tan iguales.
Mi vida y su vida, en un mismo camino.
Podría ser una historia, que tal vez nunca existiese, un sueño que durase once instantes. También podría ser una historia que tal vez, se convirtiese en mi vida.
Era una casilla más en el tablero de la vida, tenía que tirar el dado y arriesgar. Tenía que dejarme la piel si hacía falta, pero tenía que hacer algo.
A penas nada me quedaba que perder en los bolsillos, o sí, la ilusión de un sueño que se destrozaría. Pero tenía tanto que ganar...tenía tantas Lunas por delante...Tenía que arriesgar, correr el riesgo. Jugar.
Es más, no podía evitarlo, todo giraba rápido y lo que hacía 3 minutos eran centímetros, ahora, a penas eran milímetros.
Nadie podía frenar lo que sentía.
Continuará...
Sonrían
martes, 28 de octubre de 2008
martes, 21 de octubre de 2008
¿Autoengañarse?
Dime, ¿quién se mantiene en equilibro? Toda mi vida pende de un hilo. Ando, como el trapecista en su circo, entre los estrechos márgenes que nos traza la vida en el camino.
Sé que cada despertar se hace cuesta arriba si sabes que a penas nadie consigue entenderte. Sé que es amargo el sabor de la decepción, y sé que cuanto menos es fácil alcanzar la meta sin arañarte continuamente, sin sangrar cada herida cien veces al día.
Pero, al fin y al cabo, eso es la vida, un ciclo que gira sin freno, hiriéndote sin más. El tiempo pasa, la vida también, ninguno de los frena, no se preocupan por ti, y aún menos preguntan como estás. Aún así, jamás medí mi tristeza en lágrimas, y sé que puedo no llorar y morirme por dentro. Sé que puedo sonreír y hallarme perdida. Sé que puedo engañarte, incluso engañarme. Las mentiras son verdades camufladas, travestidas, y toda mentira acaba desnudándose... Has de acostumbrar tu cuerpo al frío pues, y no engañarte, el día menos pensado quedas sin abrigo ante la tormenta, ante el vendaval...
Sé que cada despertar se hace cuesta arriba si sabes que a penas nadie consigue entenderte. Sé que es amargo el sabor de la decepción, y sé que cuanto menos es fácil alcanzar la meta sin arañarte continuamente, sin sangrar cada herida cien veces al día.
Pero, al fin y al cabo, eso es la vida, un ciclo que gira sin freno, hiriéndote sin más. El tiempo pasa, la vida también, ninguno de los frena, no se preocupan por ti, y aún menos preguntan como estás. Aún así, jamás medí mi tristeza en lágrimas, y sé que puedo no llorar y morirme por dentro. Sé que puedo sonreír y hallarme perdida. Sé que puedo engañarte, incluso engañarme. Las mentiras son verdades camufladas, travestidas, y toda mentira acaba desnudándose... Has de acostumbrar tu cuerpo al frío pues, y no engañarte, el día menos pensado quedas sin abrigo ante la tormenta, ante el vendaval...
lunes, 20 de octubre de 2008
Nada más nacer...
Un cúmulo de mariposas me revoloteaba en el estómago. Un sentimiento de tamaño superior al de mi alma me oprimió el pecho. Éste, hacía latir a velocidades insospechables el órgano qué, dicen, me mantiene viva. Me temblaban los pies, tanto como titubeaba mi voz.
Sentí una explosión, expandiéndose por todo mi ser.
Meses más tarde, supe, llamaban amor a éste proceso químico.
Nunca me sentí tan estúpida. Tan indefensa, tan desnuda.
Nunca me sentí tan bien.

Sonrían
Sentí una explosión, expandiéndose por todo mi ser.
Meses más tarde, supe, llamaban amor a éste proceso químico.
Nunca me sentí tan estúpida. Tan indefensa, tan desnuda.
Nunca me sentí tan bien.

Sonrían
Suscribirse a:
Entradas (Atom)