Dime, ¿quién se mantiene en equilibro? Toda mi vida pende de un hilo. Ando, como el trapecista en su circo, entre los estrechos márgenes que nos traza la vida en el camino.
Sé que cada despertar se hace cuesta arriba si sabes que a penas nadie consigue entenderte. Sé que es amargo el sabor de la decepción, y sé que cuanto menos es fácil alcanzar la meta sin arañarte continuamente, sin sangrar cada herida cien veces al día.
Pero, al fin y al cabo, eso es la vida, un ciclo que gira sin freno, hiriéndote sin más. El tiempo pasa, la vida también, ninguno de los frena, no se preocupan por ti, y aún menos preguntan como estás. Aún así, jamás medí mi tristeza en lágrimas, y sé que puedo no llorar y morirme por dentro. Sé que puedo sonreír y hallarme perdida. Sé que puedo engañarte, incluso engañarme. Las mentiras son verdades camufladas, travestidas, y toda mentira acaba desnudándose... Has de acostumbrar tu cuerpo al frío pues, y no engañarte, el día menos pensado quedas sin abrigo ante la tormenta, ante el vendaval...
martes, 21 de octubre de 2008
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