lunes, 20 de octubre de 2008

Nada más nacer...

Un cúmulo de mariposas me revoloteaba en el estómago. Un sentimiento de tamaño superior al de mi alma me oprimió el pecho. Éste, hacía latir a velocidades insospechables el órgano qué, dicen, me mantiene viva. Me temblaban los pies, tanto como titubeaba mi voz.
Sentí una explosión, expandiéndose por todo mi ser.

Meses más tarde, supe, llamaban amor a éste proceso químico.
Nunca me sentí tan estúpida. Tan indefensa, tan desnuda.
Nunca me sentí tan bien.

Te quiero

Sonrían

No hay comentarios: