Un cúmulo de mariposas me revoloteaba en el estómago. Un sentimiento de tamaño superior al de mi alma me oprimió el pecho. Éste, hacía latir a velocidades insospechables el órgano qué, dicen, me mantiene viva. Me temblaban los pies, tanto como titubeaba mi voz.
Sentí una explosión, expandiéndose por todo mi ser.
Meses más tarde, supe, llamaban
amor a éste proceso químico.
Nunca me sentí tan estúpida. Tan indefensa, tan desnuda.
Nunca me sentí tan
bien.
Sonrían
No hay comentarios:
Publicar un comentario