Pasé horas preguntándome "¿Por qué?".
Grité a los cuatro vientos, me alimenté de incomprensión, y a penas sin fuerzas, golpeaba aquella pared, con toda mi rabia. Nadie parecía escucharme llorar, o nadie quiso hacerlo. Dije odiarle, lo dije tantas veces que cualquiera me hubiese creído, cualquiera menos éste corazón idiota que seguía latiendo a sus pies, palpitando a su son. Tengo clavadas miles de imágenes en mis entrañas, y en los márgenes de todas mis cartas, escribo su nombre, como la adolescente que dibuja corazoncitos en su agenda, qué idiotez.
Me siento el sueño que acaba de despertarse, una cría, jugando a vivir.
Sonrían
miércoles, 23 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)